Conoce la magistral apreciación de Charles Baudelaire sobre el maestro del relato corto, Edgar Allan Poe

Fuente: Fragmento extraído del libro "Ensayos de Edgar Allan Poe"

Baudelaire, que es de todos sus biógrafos el que más lo conoce, por haber trabajado en su traducción al francés durante más de doce años y que está más cerca de él por temperamento y por pasión, dice al juzgar su obra:  

"Toda entrada en materia cuando se trata de Poe atrae sin violencia como un torbellino; su solemnidad sorprende, manteniendo el espíritu despierto. Se presiente, desde luego, que se trata de algo grave. Y lentamente, poco a poco, se desarrolla ante nuestra atención una historia cuyo interés se funda en una imperceptible desviación del espíritu, en una hipótesis audaz, en una extralimitación imprudente de la naturaleza, en la amalgama de las facultades. El lector, presa del vértigo, se ve obligado a seguir al artista en sus arrebatadoras deducciones. Afirmo por eso que ningún hombre ha explicado con tanta magia lo 'excepcional' de la vida humana y de la naturaleza, el recobrado vigor de la convalecencia, el final de las estaciones con sus esplendores enervantes, el tiempo cálido, húmedo y brumoso en el cual el viento del sur ablanda y distiende los nervios como las cuerdas de un instrumento, en que los ojos se llenan de lágrimas que no provienen del corazón; las alucinaciones que abren de pronto un abismo a la duda con más fuerza que la misma realidad; lo absurdo que se apodera de la inteligencia y la gobierna con espantosa lógica. La exaltación usurpa su puesto a la voluntad. Se produce la contradicción entre los nervios y el espíritu, y el hombre se desconcierta hasta el punto de expresar el dolor con la risa. El poeta resulta así analizando todo lo que hay de más fugitivo, pesando lo imponderable y describiendo, de esa manera minuciosa y científica, cuyos efectos son terribles, todo lo imaginario que flota alrededor de la persona nerviosa y la conduce al mal.

"El ardor mismo con el cual se arroja en lo grotesco por el amor de lo grotesco, y en lo horrible por el amor de lo horrible, me sirve para verificar la sinceridad de su obra y el acuerdo del hombre con el poeta. He notado ya que en muchos hombres este ardor es a menudo el resultado de una vasta energía vital ociosa, a veces de una pertinaz castidad y también de una profunda sensibilidad sin aplicación. La voluptuosidad sobrenatural que el hombre puede experimentar viendo correr su propia sangre, los movimientos repentinos, violentos, inútiles, los grandes gritos lanzados al aire sin que el espíritu los haya mandado a la garganta, son todos fenómenos del mismo orden.

"En el seno de esta literatura, allí donde el aire está rarificado, el espíritu puede experimentar esa vaga angustia, ese miedo proclive a las lágrimas y ese malestar del corazón que suscitan la inmensidad y el misterio. Sin embargo, la admiración hacia la obra es más fuerte aún. Y se impone a todo.

"Los fondos y los accesorios son en él apropiados a los sentimientos de los personajes. Soledad de la naturaleza o agitación de las ciudades, todo está descrito de manera ágil y fantástica. En la misma forma que Eugéne Delacroix, que elevó su arte a la altura de la gran poesía, Poe se complace en agitar sus figuras sobre fondos violáceos y verdosos, en los que se revelan la fosforescencia de la podredumbre y el olor de la tempestad. La naturaleza inanimada participa de la acción de los seres vivientes y, como ellos, se estremece temblando en forma sobrenatural y galvánica. El espacio ahondado por la virtud del opio adquiere un sentido mágico en sus tintes y los ruidos vibran con una sonoridad enteramente significativa...

"...Los personajes de Poe, esas personas de facultades hipersensibles, de voluntad ardorosa que lanzan el reto hasta contra el mismo imposible, aquellas cuya mirada se lanza rígida como una espada sobre objetos que se agrandan a fuerza de contemplación, nacen todos o, mejor dicho, son todos el mismo Poe. Y sus mujeres, todas luminosas y enfermas, muriendo de males misteriosos, hablando con voces de música, son también el mismo Poe; o, al menos, lo son por sus extrañas aspiraciones, por su valor, por su melancolía incurable. Por otra parte, su mujer ideal, su Titánida, se revela bajo diferentes imágenes, que vienen a ser más bien maneras distintas de sentir la belleza en una unidad vaga pero sensible. En esa unidad vive más delicadamente, tal vez que en otra parte, ese amor insaciable de lo bello que constituye el gran título del artista supremo y que le da en resumen el derecho al afecto y a la admiración de los poetas"


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