Mercedes, la sigilosa novia de Gabriel García Márquez

El pasado sábado 15 de agosto se confirmó la muerte de Mercedes Barcha, esposa de Gabriel García Márquez. No solo fue su compañera de vida, marcó profundamente la vida de uno de los grandes maestros de la literatura universal. La Gaba, como le llamaban los más cercanos, está presente en su obra. por este motivo el escritor paceño y miembro de nuestro club Carlos Delgado elaboró una breve reseña sobre la vida de Mercedes Barcha a lado de Gabo y como ella fue la que en muchos casos generó al ambiente propicio que permitieron la escritura e inspiración de Gabo.

MERCEDES, LA SIGILOSA NOVIA DE GABRIEL

Por Carlos Eduardo Delgado Velásquez

"Para Mercedes, por supuesto". Es la dedicatoria de "El amor en los tiempos del cólera" de Gabriel García Márquez, novela sobre los desencuentros del amor a lo largo de dos vidas. Para escribirla el Gabo se basó en el romance de sus padres, pero el amor y el cariño son suyos. Suyos y de la mujer a la que se la dedicó: su esposa, Mercedes Barcha. Vivirían una Colombia en plena revolución política hasta reencontrarse en Barranquilla. Se casaron el 21 de marzo de 1958 y compartieron el resto de sus vidas hasta que el Gabo nos dejara el 17 de abril de 2014. El 15 de agosto de 2020, en México, Mercedes Barcha fallecía a sus ochenta y siete años.

Leyendo hacia atrás, Mercedes también estaba en las novelas del Gabo. No como inspiración de otros personajes, sino como ella misma, sobre dos pies, con el mismo vestido que tenía cuando la buscaba en las calles de Barranquilla o cuando la veía en el portal de su casa.

En "Cien Años de Soledad" el mismo Gabo está presente en los últimos años de Macondo, junto a los muchachos de la librería del sabio catalán. De todos ellos el que resalta es Gabriel, el único que no dudó de la matanza de la compañía bananera y cuya novia trabajaba en la última botica de Macondo. Era Mercedes, una boticaria silenciosa, de cuello largo y ojos adormecidos, dueña de una docena de collares de pescado que había comprado a Amaranta Úrsula y de quien ya no se volvió a saber más cuando el último Aureliano buscaba el camino al pasado en una ciudad que ya no conocía el tiempo.

Pero la Mercedes que sugieren sus libros se queda atrás del retrato de la joven con la que bailó una afortunada matiné en el hotel del Prado. En "Vivir para contarla" el Gabo relató su reencuentro con Mercedes en Barranquilla. La convulsión social en Colombia apenas se gestaba y, mientras García Márquez comenzaba como periodista, un boticario de la provincia de Sucre llegaba con su familia buscando una vida más apacible. A fuerza de encuentros esporádicos, la hija del boticario aceptó la invitación del joven escritor para bailar un domingo en la tarde. Ella supo tratarlo con buen humor, con una destreza que no le daba pie a concretar sus avances, hasta que ella lo dejó en la pista a medianoche, corriendo por las prisas de la hora. Desde entonces, cuenta el mismo Gabo, ambos se entendían sin pronunciar una palabra. Incluso en las malas horas, como cuando ella le informó sobre la muerte de Cayetano Gentile, amigo de ambos desde Sucre. Las circunstancias de esa muerte, en un país donde impera la ley guajira, serían el germen para "Crónica de una muerte anunciada". Entre la primera mitad de sus memorias, el Gabo le da a Mercedes el culmen de la narración, al que apuntan todas las historias y todos los sucesos, y que desembocan en el momento decisivo en que Gabriel García Márquez se enfrenta ante la hoja en blanco para escribir una carta a Mercedes Barcha. La penúltima novela, la novela de su vida, no podía terminar de otra manera. 

Fuera de los libros, es un cuento por mérito propio la manera en que Mercedes mantuvo a la familia a flote mientras su esposo se entregaba entero a "Cien años de soledad". Cuando se acabó el adelanto que les mandó Paco Porrúa, el editor que confió en la obra del Gabo, ella echó mano a los ahorros de la familia. A ellos se sumaron los préstamos de amigos, hasta llegar al momento que sería un punto definitivo en la literatura latinoamericana: cuando los esposos fueron al correo y descubrieron horrorizados que no tenía el dinero suficiente para mandar todo el manuscrito a Porrúa. Sin dudarlo Mercedes salió al mercado a empeñar sus últimas joyas, y volvió con la mala noticia de que no les alcanzaba. Consultado el correo, pesaron las hojas del manuscrito y les dijeron que podían pagar el envío pero sólo de la mitad. Y con las prisas de última hora, terminaron enviando la segunda mitad. Pero eso fue suficiente para la editorial Sudamericana. Desde entonces comenzó la parte más pública en la historia de una novela fundamental en las letras en español, y mucho de lo que pasó se lo debemos a Mercedes, que no dejó de confiar en las letras del Gabo aun cuando él mismo no les tenía mucha fe. Todos saltaron para aclarar la historia. Que no sucedió así, que el editor Paco Porrúa recibió un libro entero, o que era otra de las habituales libertades de García Márquez al momento de relatar las noticias. Eran puyas que hasta ahora apuntan al colombiano con el mal gusto de reivindicar la verdad donde no hace falta. O talvez para quitarle el brillo a la mujer que fue su apoyo en los momentos peores y su compañía feliz en los mejores.

Y de esa manera, con los pequeños guiños que se perciben en cada novela y que su autor repetía en la vida real, armando pequeñas mitologías y milagros cotidianos en cada vuelta de página, García Márquez escribió también a una Mercedes. La que lo enamoró de niños, con la que se casó joven, y la que lo acompañaría en Macondo. Después de todo, el Gabo lo explicó sencillo en sus memorias, a primera línea para todo el que le preguntase: "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla."  

Autor: Carlos Eduardo Delgado Velásquez (Carlao Delgado)

Escritor paceño. Especializado en el género de "hombre joven enojado". Entusiasta de su blog "Septiembre es Traidor".

Puedes conocer más artículos escritos por Carlos en su blog haciendo clic en el siguiente enlace: https://septiembretraidor.blogspot.com

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