Cuento de terror "El intercambio" de Rudiger Muñoz

Foto tomada por: Snak
Foto tomada por: Snak

Te presentamos uno de los cuentos escritos en el taller de Escritura Creativa de Cuento de terror, organizado por el Club de Lectura La Paz, 

"El intercambio" escrito por Rudiger Muñoz

La oscuridad de la noche reina en la habitación y Elizabeth Foster abre los ojos. Despierta en medio de una tenebrosa calma, en un solitario silencio que manifiesta el eco interno de sus atormentados recuerdos. Había sido así cada noche desde la desaparición de su pequeño hermano.

La familia Foster habitaba en una cabaña en las afueras de Bourton City. Fue construida por los antepasados de Daniel Foster, granjero con anhelos de riqueza que vivía criando cabras y trabajando la tierra, deseando algún día poder proporcionar una vida mejor a su amada esposa. Mery Foster, mujer frágil de trato gentil que se dedicada al cuidado amoroso de sus pequeños hijos John y Elizabeth. Ayudaba en lo que podía con los trabajos de la granja.
Del otro lado de la cabaña, separado por un corto sendero, se levanta un frondoso bosque con árboles sombríos. Pocos se aventuran a visitarlo. Se dice que sus entrañas son habitadas por fuerzas malignas, gobernadas por una bruja a quien se atribuye las desapariciones ocurridas en recientes años. Daniel sin embargo, asegura que en sus frecuentes incursiones de cacería dentro de aquel bosque, jamás había encontrado una bruja ni nada que se le pareciera. 
Aquel domingo, los Foster salieron de la iglesia con dirección a la feria de granjeros en los límites de la ciudad. Daniel y Mery caminaban tomados de la mano por detrás de los niños, que avanzaban a paso juguetón por en medio de la muchedumbre. Venta de animales, utensilios, puestos de comida y golosinas a los que los niños Foster acudían siempre con rapidez y alegría. A metros de donde se encontraban, una carreta arcaica despertaba la curiosidad de todos. Techo de tela dispuesto a modo de carpa. En la entrada, una escalera de madera permitía el ingreso. Al costado, un macho cabrío de color negro atado a la carreta, y al otro, un enorme cartel en el que se leía:

"Dos corazones por un deseo. Es el intercambio que el amor demanda.

Sepan lo que el futuro les tiene reservado".

Parejas de enamorados que buscaban conocer la suerte se formaban en frente de la carreta. John y Elizabeth en cambio, fascinados por las astas del macho cabrío, se acercaron lentamente y observaron al animal masticar despreocupado. Elizabeth levantó la mirada y se percató que desde la oscuridad de la carreta un amarillento rostro surgía. Vieja gitana de nariz puntiaguda y sonrisa maliciosa adornada con enormes pendientes que le colgaban de las orejas. -¡Entren! -les dijo con voz gastada. -¡Dos corazones por un deseo! ¡Dos corazones por un deseo! ¡Es el intercambio que el amor demanda! Entren y sabrán lo se les tiene preparado. Elizabeth sintió una mano que la sujetaba del hombro llevándola hacia atrás. Daniel, con enfado, alejó a sus hijos de la carreta hasta donde estaba su madre, no sin antes dirigir una mirada de repulsión a la gitana, la cual sonriendo, retrocedió de vuelta hacia oscuridad de donde había salido.

Esa noche el pequeño John Foster desapareció. Elizabeth lo recuerda bien. En sueños, vio a su hermanito llorando asustado afuera de la cabaña, en la tenebrosidad de la noche. A corta distancia, una carretea adornada con antorchas y jalada por caballos negros se acercaba rápidamente. El relinchar infernal de los caballos expulsó a Elizabeth de su sueño y al despertar con sobresalto vio que John ya no se encontraba en la cama de junto. Asustada, Elizabeth se apresuró hacia la ventana y pudo ver la carreta. En el asiento delantero se encontraba la gitana, y a su lado el niño gimoteaba sin poder moverse. La vieja rió macabramente mientras azotaba las riendas. La carreta partió por el sendero dirigiéndose hacia el bosque, penetrando imposiblemente a través de los árboles. Por detrás de la carreta, la cabeza el macho cabrío sobresalía mirando fijamente a Elizabeth hasta desaparecer en la oscuridad.
Los Foster y la policía recorrieron el bosque por tres días. No se halló rastro del niño o de la gitana. Buscaban de día y se retiraban por la noche. Cuando volvían a la cabaña, Mary se tiraba en la cama para llorar desconsoladamente y Daniel pasaba las noches sentado frente a la chimenea consumiendo su pipa con la mirada perdida en las llamas. Elizabeth despertaba en medio de la oscura noche, atormentada por el recuerdo.
Es el cuarto día. La amenaza de una repentina tormenta los obliga a regresar temprano. Elizabeth contempla a su madre otra vez recostada sobre la cama y sollozando hasta dormir. Luego se dirige hasta su padre sentado frente al fuego -Papá, mamá ya se durmió, puedo dormir a su -¡Cállate! -Interrumpe Daniel -Tu madre por fin descansa, no la molestes, ¡ve a dormir a tu cama! -La niña lanza un suspiro y camina a su habitación. Antes de llegar a la puerta escucha el llamado de su padre -Elizabeth -¿Si papá? -Antes de irte a dormir, ve al establo y tráeme un par de leños -ordena Daniel manteniendo la mirada fija en el fuego reflejado en sus pupilas.
Elizabeth sale de la cabaña con dirección al establo. A medio camino, la quietud de la noche se ve interrumpida por un repentino viento que sopla fuerte. La puerta de la cabaña se cierra con violencia por detrás de la niña. -¡Papá! -Grita asustada, el viento sopla más fuerte y la niña levanta los brazos en dirección de la cabaña -¡Mamá! -grita nuevamente, el viento incrementa su fuerza al punto que la niña ya no puede mantenerse en pie. Cae al piso y comienza a girar de forma descontrolada, alejándose varios metros de la cabaña hasta topar con algo que detiene su trayecto. La rueda de la carreta. Una vez más, Elizabeth escucha el demoniaco relinchido de los caballos negros, su mirada se encuentra con la mirada de la bruja, quien sonriendo desde el asiento delantero, extiende el brazo más allá de su longitud normal para levantarla con facilidad y ubicarla a su costado. Elizabeth no puede moverse ni gritar. La bruja azota las riendas y la carreta avanza contra el viento despareciendo en el frondoso bosque.Mery Foster quiere morir. De pie, en frente de la cabaña, su rostro demacrado mira en dirección al bosque en donde desaparecieron sus dos hijos. Descalza y en camisón, cruza el sendero y se adentra por en medio de los árboles.    

Cuando Daniel regresa de la estación de policía ya no encuentra a su esposa. No le es difícil suponer hacia donde se había dirigido. Temeroso, toma su escopeta y se apresura para adentrarse en el bosque. Rápidamente, esquivando obstáculos, Daniel corre en dirección hacia aquél lugar. Donde alguna vez la encontró por accidente. La bruja lo espera en frente de su choza. La carreta ubicada a un lado y el macho cabrío contempla todo desde atrás. Daniel llega apuntando la escopeta -¡Dónde está mi esposa maldita! ¡Dónde! ¡Ella no era parte del intercambio! ¡Dos corazones por un deseo me dijiste! ¡Dos corazones! ¡Y te los entregué!, ¡aún no tengo la riqueza que se me prometió y mi esposa ya no está! ¡Qué pasó con ella! -Tu esposa llegó por voluntad propia. -Repone la bruja. -Otro intercambio se me ha ofrecido, mucho más placentero para la oscuridad a la que sirvo, pues contiene el ingrediente del auto sacrificio. Al decir esto, la bruja extiende la mano apuntando el dedo huesudo hacia un enorme roble en cuya rama se encuentra Mery Foster colgando de una soga por el cuello. Daniel, con lágrimas en los ojos, camina hacia el cadáver y cae arrodillado soltando la escopeta. En medio de su llanto oye una voz que lo llama -¡Daniel! -El cadáver de Mery abre los ojos y sacudiendo las piernas en el aire -¡Cómo has podio Daniel! ¡Nuestros hijos! -¡Oh Mery!, ¡lo hice por nosotros! -¡Mis hijos Daniel! ¡Cómo has podido! ¡Danieeeeeeel! -El lamento del cadáver se convierte en un chillido insoportable al que se añaden los sonidos del bosque amplificados, aullidos, gruñidos y risas de niños, mientras, la oscuridad comienza su avance devorando el entorno. Daniel se tapa los oídos pero de nada sirve. En medio del infernal bullicio la voz gutural de la bruja -¡Dos corazones por un deseo! ¡Dos corazones por un deseo! ¡Es el intercambio que el amor demanda! -Con esfuerzo, Daniel trata de coger la escopeta pero se detiene al notar una figura negra irguiéndose delante de él. El macho cabrío, ahora de pie sobres sus patas traseras, su torso había adoptado una forma humanoide, extiende una garra con la que sujeta a Daniel del cuello y lo eleva por encima de la mirada. El ruido va en aumento, el cuello de Daniel es pulverizado y la oscuridad que no deja de avanzar termina tragándolo todo.

La luz de la mañana invade la habitación y Elizabeth Foster abre los ojos. Los tibios rayos del sol ingresan por la ventana acariciándole el rostro. A su lado, el pequeño John duerme plácidamente. Elizabeth lo observa tranquila y luego dirige su atención hacia la puerta, donde una sonriente monja les da los buenos días. Es una mañana más en el orfanato de Bourton City.     


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