Cuento "La incógnita de un dolor" de Grisel Valdés Rejas

Te presentamos uno de los tres mejores cuentos escritos en el "Taller online de escritura de cuentos con énfasis en la temática del encierro y la pausa descriptiva", facilitado por la escritora Montserrat Fernandez y organizado por nuestro Club de Lectura La Paz.

LA INCÓGNITA DE UN DOLOR

Grisel Valdés Rejas

La realidad la golpea, la rebasa, despierta cada una de las lágrimas que quedaron contenidas en su interior y refugiadas ahí por mucho tiempo. Es ahora cuando conoce el dolor, el verdadero verdugo de su interior, más no puede entender el destino que la apremia. Todo el pueblo es partícipe de su desdicha, más no pretende ayudarla jamás. Sus vecinos eran testigos de su fortuna anterior, pero ahora no la miran, no pronuncian palabra alguna que pueda consolarla. Nadie le dice la verdad, lo que necesita saber.

Hilda, su mejor amiga, aquella que conoció desde que llegó a ese barrio cuando tenía 7 años, con la que creció y compartió toda su vida, ahora se limita a decirle al oído que volverían a encontrarse en otro lugar. ¿Encontrarse?, ¿dónde?, se pregunta. Cómo hacerlo si el dolor no le iba a permitir salir de esa casa en la que vivió tantos años, ese hogar que ahora solo tenía el aroma y los recuerdos de su nieta. Si tan solo fue hace ocho días que la miraba a su lado, que la veía sonreír, que le contaba que había conocido a alguien que la hacía muy feliz, seguro que esa alegría significaba que formaría un hogar, pensaba. No solo compartían sus experiencias, sus alegrías y tristezas, sino que de cada momento juntas nacía un mágico recuerdo que prevalecería por siempre. Solo en esa casa estaba la felicidad, decía. Salir de ahí, jamás sería una opción.

Trató de analizar el origen de ese dolor que apareció de la nada, pero la normalidad prevalecía, no había motivo alguno para que existiera, pero penetraba todos sus sentidos y la hacía desfallecer. Todavía no entendía nada, solo era testigo de que su nieta no estaba más y de que en su interior sentía las palabras que acababa de oír detrás de la puerta principal de su hogar: "ocurrió una desgracia, esta abuela y su nieta no volverán a verse". ¡No podía ser cierto! Sentía mucha ansiedad. Buscaba en sus recuerdos para encontrar el motivo, pero por más esfuerzo que hacía, solo veía a aquellos que la hacían muy feliz, donde su nieta moraba con una alegría que desbordaba de su rostro. ¿Qué pasó entonces?.

Sigue ahondando en su memoria, se ve a sí misma preparando unas galletas, las preferidas de su nieta, continuando con su diaria rutina en casa, sin salir, para qué hacerlo si el mundo entero estaba dentro de su hogar. Pero no encuentra señales que la conduzcan a conocer el motivo por el cual ya no la tenía a su lado.

Un recuerdo surge en su memoria. Esa persona a la que su nieta conoció, fue a comer con ambas a su casa, para ella lo único que importaba era verla feliz, cualquier esfuerzo por la misma era merecido. No pudo conversar mucho con él mientras tomaban el té, pero lo que percibió fue suficiente para inferir que algo no estaba bien.

Pasan unos minutos o tal vez muchos, advierte que más personas entran a su vivienda, se acerca a un grupo de ellas y escucha algo sobre los recuerdos personales y una cadena de oro. Si, ¡eso es!, piensa. Es un collar de oro que le regaló a su nieta el día que nació, que lleva su nombre en la placa, es hermoso, lo adquirió el mismo día en el que se enteró que iba a ser abuela de una niña. 

Quería que lleve consigo el significado de su amor. Este collar siempre acompañaba a su nieta, vio que lo lucía cuando cumplió quince años, cuando se graduó del colegio y de la universidad y esperaba verla usándolo cuando encuentre al amor de su vida, con quien compartiría su existir. Esperaba que la quiera tanto como ella lo hacía. Recuerda haber visto ese collar en el cuello de su nieta hace ocho días, lo llevaba cuando llegó a su casa a tomar el té. Pero ¿por qué ahora vendría a su mente este recuerdo?, no tenía mucho significado.

Ahora siente que existe un vacío de tiempo, trata de ordenar sus reflexiones, siente un dolor intenso en el estómago, pero decide no darle importancia, seguro que eran las consecuencias de su preocupación. De pronto, interrumpe sus pensamientos una persona que está en su sala, es un pariente conocido, lo reconoce. Se llama Julio, es un primo al que no veía hace mucho tiempo. Una alegría muy grande nace dentro de ella, siempre lo quiso mucho. Pero ¿por qué estaba en su casa?, debió haber sentido algo muy especial para visitarla porque vivía muy lejos y tenía bastantes ocupaciones como dueño de muchas fábricas.

Se apresura para verlo, abrazarlo, para contarle la tragedia de su nieta. Cuando se acerca a él, se interponen varias personas que lo rodean. Todas comienzan a hablar de lo mucho que la quieren y por eso la visitan ahora, pero extrañamente no hablan de su nieta. Se siente feliz al oír las palabras tan dulces que le dicen y con tanto cariño, pero, se pregunta: ¿por qué todos los que están en su sala, se refieren a ella en tiempo pasado?.

Entonces, estaba decidida a interrumpir a todos, tenía la intención de decirles que se sentía agradecida por las muestras de afecto hacia ella, pero que no tenía fuerzas para seguir con ellos. No pidió que la visitaran, mucho menos ahora que no podía con el dolor que la afligía. Sintió la necesidad de gritar, de expresar su aflicción, pero decidió no hacerlo. Miró alrededor suyo, vio que estaba entre dos vecinos que la conocían desde hace diez años y que conversaban entre ellos, plenamente ajenos a su dolor. Pensó que era muy extraño pero no le dio más importancia al asunto y subió a su habitación. En las gradas que conducían a ese lugar estaba sentada una pareja de amigos que conversaban, hablaban de una misa de ocho días que se había efectuado esa misma mañana. Al llegar a su habitación, sentía que nadie la escuchaba, que nadie la comprendía. Concluyó que esa misa a la que se referían era la que debió celebrarse por haberse cumplido ocho días de la tragedia. Le parecía mucho tiempo, no coincidía y se sorprendió de no haber asistido a tan importante hecho, pero tal vez le dieron un sedante que le provocó algún tipo de amnesia, siempre sucede en estos casos, según recordó, sabía que algo similar le sucedió a una amiga cuando perdió a su padre al que amaba tanto.

En ese momento, creyó haber oído la voz de su nieta en la sala, dejó todos sus pensamientos a un lado y corrió a comprobar si era ella, aunque no tenía muchas esperanzas. Bajó las escaleras y no podía creer lo que veía, no podía entender lo que sucedía. Era su nieta, estaba convaleciente, ¡pero viva!. Le gritó por su nombre desde donde estaba pero no obtuvo respuesta, terminó de bajar las gradas y cuando la tenía a unos centímetros, la abrazó, pero la nieta parecía no sentir nada. Estaba más confundida ahora, entonces vio que su nieta llevaba una foto en sus brazos, se vio a ella misma, su nombre estaba ahí, decía que había fallecido hace ocho días. La nieta estaba viva, la que murió fue la abuela. Otro dolor diferente invadió su interior, ahora entendía todo, lo terminó de escuchar de los labios de su nieta. El hombre que conoció y que llevó a comer a su casa, del cual su nieta estaba enamorada, tenía los planes más perversos del mundo, sabía que ellas estaban indefensas, que no habían otros habitantes en ese lugar y por eso planeó envenenarlas y robarles todo lo que tenían. Pero el veneno que ambas tomaron en el té, mató solo a la abuela, la nieta logró recuperarse en contra del pronóstico de aquél individuo, quien lo primero que hizo al ver que las dos caían envenenadas en el piso, fue arrancar y robar el collar que la nieta llevaba en su cuello . Fue lo último que vio la abuela antes de morir.


Grisel Valdés Rejas, nacida en la ciudad de La Paz, abogada de profesión, especializada en derecho corporativo, apasionada por la escritura y la lectura de distintos géneros literarios, siendo el predilecto, el narrativo.

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