Cuento "Oscuridad" de Axel Luna

Te presentamos uno de los tres mejores cuentos escritos en el "Taller online de escritura de cuentos con énfasis en la temática del encierro y la pausa descriptiva", facilitado por la escritora Montserrat Fernandez y organizado por nuestro Club de Lectura La Paz.

OSCURIDAD

Axel Luna

El logo de Ciruela Red estaba siempre encendido. Pese a los apagones, tan comunes en el segundo año de cuarentena, su luz era inagotable. Génesis no terminaba de entender con exactitud la razón de aquel encierro y de aquellos cortes. Pero sí comprendía el brillo inextinguible del logo frente a su casa en la Calle de los Inmigrantes. Funcionaba aquel con una batería sofisticada que generaba energía con su propia luz verduzca. Luz que la niña no se cansaba de contemplar desde el balcón de su hogar en penumbra.

‒¿Y por qué no ponen una de ésas en la casa? ‒preguntaba Génesis a su padre, el señor José, a la luz de unas velas, del brillo del sol reflejado en el espejo plateado del cielo, y del verde constante de aquel letrero luminoso.

La respuesta oficial de don José, era que no tenían suficiente dinero. Habría que contratar a la empresa responsable de aquellas baterías para que remodelasen su casa entera. Solo aquel anuncio en la Calle de los Inmigrantes debía de haber costado una fortuna. Pero aunque tuviesen tal fortuna, don José dudaba que pudiesen replicar más de aquellas pilas modernas para todo un departamento. Una vivienda que genere su propia energía, estaba no solo lejos de sus posibilidades financieras, quizá también se hallaba lejos de la posibilidad de cualquier tecnología existente. Aun así, Ciruela Red la había conseguido, en mínimas cantidades tal vez, pero lo había logrado.

Génesis permanecía horas contemplando el resplandeciente letrero. El ojo verde y la ciruela a modo de iris, rojo brillante, como las letras bajo el logo: CIRUELA RED. Como el ojo de algún dios antiguo observando el balcón de la niña. Vigilándola. El anuncio era muy primitivo para la época a simple vista. Los banners en la ciudad eran movibles y tenían sonido. Algunos también eran hologramas o imágenes tridimensionales que interactuaban con los potenciales clientes. Pero todos ellos se apagaban inevitablemente cuando sucedían los cortes de luz, y eso hacía tan superior al logo de Ciruela Red. Aquel, el de la Calle de los Inmigrantes, era el único anuncio en toda la ciudad con tal tecnología. Y, hasta donde sabía Génesis, era el único en el mundo. Porque el mundo para la niña se había reducido a esa calle, ese balcón y ese letrero brillante.

Don José no se extrañó cuando la niña comenzó a hablarle. Es normal en una niña de su edad, pensó. Cada uno tenía su forma de sobrellevar el encierro y los apagones. Se había restituido una vieja costumbre en la ciudad. A falta de electricidad, los más mayores de los distintos hogares reunían a toda la familia alrededor de una mesa, prendían velas y contaban historias. Sobre las montañas y el viento. Sobre las guerras y las anteriores cuarentenas a las que habían sobrevivido. Sobre el principio y el fin del mundo. En la familia de Génesis esto no sucedió. Don José era un pésimo narrador. No había heredado las dotes de su padre, quien podía convertir un simple día lluvioso, en un cuento fantástico sobre un gran diluvio que limpiaría el mundo.

La lectura era otro pasatiempo ante los apagones. Pero Génesis nunca había aprendido a leer. Su única distracción cuando la ciudad se sumía en la oscuridad casi absoluta, era el letrero de Ciruela Red, que alguna de esas noches comenzó a hablarle sin palabras. Y como la niña era muy educada, respondió.

Le hablaba el logo de su origen, de donde venía, y de todos los viajes que había realizado para llegar hasta ahí, a ese lugar y a ese tiempo. Le preguntaba a la niña si conocía el mundo más allá de la Calle de los Inmigrantes. Le preguntaba si era feliz. Cuando la respuesta era no, le preguntaba el porqué de sus tristezas.

‒Quisiera aprender a leer ‒decía la niña‒ Quisiera ir más allá de esta calle. Quisiera conocerte.

Y la luz verduzca sonreía sin mostrar sus dientes, sin abrir su boca, porque nada de esto tenía. Pero Génesis sentía aquella energía de una sonrisa emanar de su verdor. La abrazaba. Aquel ojo ya no la vigilaba. La cuidaba. ¿De qué? De la oscuridad, tal vez.

La noche que Génesis desapareció, don José escuchaba la vieja radio a pilas de su padre.

‒...yo creo, Johnny, y perdón que te contradiga, que si existiesen estos seres, no seríamos relevantes para ellos. ¿Por qué se comunicarían con nosotros? ¿Por qué nos visitarían? Solo nos observarían, nos estudiarían, desde lejos, sin intervenir. Como nosotros estudiamos el comportamiento de las hormigas, o de las ratas...

No escuchó más. Su mirada quedó perdida en el balcón. Vacío, oscuro.

Antes de su hija desaparecida, su pensamiento aterrizó en el logo de Ciruela Red. Se había apagado.


Axel Luna Poma, estudiante de administración de empresas. Lector distraído, pero amante del mundo oculto tras las palabras escritas. 

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