Fábula/Trama. El inicio en la escritura de un cuento

Fábula/Trama. El inicio en la escritura de un cuento

Escrito por Lourdes Reynaga

Quiero comenzar recordando algo sobre lo que trabaja Ricardo Piglia en "Tesis sobre el cuento". Él rescata un fragmento escrito por Chéjov:

En uno de sus cuadernos de notas Chéjov registra esta anécdota: «Un hombre, en Montecarlo, va al Casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida.» La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito. Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse) la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento. Primera tesis: Un cuento siempre cuenta dos historias. (Piglia, 1986)

A partir de esta anécdota, Piglia plantea tres posibles lecturas y abordajes en cuanto a lo que tipos de cuento escenifican. De esta manera, el cuento clásico (en el que incluye a Poe y Quiroga), pondría en primer plano la historia del juego, casi como una distracción, mientras va incluyendo pistas e insumos que luego permitirán mostrar el suicidio como algo, si bien sorpresivo, no del todo ilógico.

Un cuento más "moderno", a decir de Piglia, tendría que ver con el trabajo del propio Chéjov, con Mansfield y Joyce, poniendo en tensión de forma más evidente e irresoluble, ambas historias. Yo incluiría quizás "Las babas del diablo" de Cortázar pues la tensión entre lo que cuenta el narrador que observa y la escena que sucede y de la que no tenemos un gran conocimiento, no se termina de resolver, aun cuando como lectores sepamos lo que estaba sucediendo y cuál el papel del fotógrafo en la historia.

Una tercera posibilidad es enunciada a través del cuento denominado, por Piglia, kafkiano. Se trataría de un tipo de cuento en el que la parte secreta es narrada con sencillez, mientras la historia primera es la que aparece como amenazadora. Bástenos recordar, para comprender esta escisión, "La metamorfosis", mucho más próximo a una novela, pero que puede ayudarnos a pensar en cómo la segunda historia (en este caso la sobrevivencia de Samsa luego de su transformación) es la que acapara la narración.

A partir de lo que Piglia identifica como una anécdota, y pasando por tres tipos diferenciables de posibles cuentos, pone en escena una tensión que podría parecer obvia, pero que no lo es tanto, el problema central de la creación, el inicio de la escritura ¿Qué voy a contar?

Si algo caracteriza al cuento en su estructura, además de su brevedad, es el énfasis que hace en la acción, a diferencia de la novela que se ocupa mucho más del desarrollo de los personajes y ambientes, que nos da un espacio para la contextualización. El cuento es breve, inmediato, por ello, no puede permitirse la introducción de elementos sospechosos, de incongruencias que le resten verosimilitud y todo el posible efecto creador.

Trama y fábula. Que no es lo mismo, ni a Samaniego nos referimos.

Aquí surge un primer aspecto, un primer paso, podría decirse, en el planteamiento de la escritura de un cuento. Qué voy a narrar, cuál es mi anécdota, cuál mi relato base.

Umberto Eco, en Lector in fábula identifica como fábula, esto que Piglia rescata como anécdota, un relato simple, sencillo y básico, sin demasiadas vueltas argumentales o temporales, quizás incluso, en el caso citado, con información insuficiente para el desarrollo de un cuento.

La fábula es el esquema fundamental de la narración, la lógica de las acciones y la síntesis de los personajes, el curso de los acontecimientos ordenado temporalmente. No tiene por qué ser necesariamente una secuencia de acciones humanas: puede referirse a una serie de acontecimientos relativos a objetos inanimados o, incluso, a ideas. La trama, en cambio, es la historia tal como de hecho se narra, tal como aparece en la superficie con sus dislocaciones temporales, sus saltos hacia adelante y hacia atrás (o sea, anticipaciones y flash back), descripciones, digresiones, reflexiones parentéticas. (Eco, 1999: 145-146)

La fábula entonces se diferencia de la trama en que la trama ya plantea una segunda cuestionante en el proceso escritural. Una vez definido mi argumento, mi fábula, mi anécdota, una vez que sé qué es lo que quiero contar, ¿cómo voy a contarlo?

Este es otro de los grandes problemas de la literatura que aparece y se inserta aún en el desarrollo de las mismas corrientes literarias, cómo voy a narrar aquello que quiero contar. Y es justamente uno de los mayores errores que podemos encontrar en muchos de los textos que se publican, incluso cuando vienen respaldados por nombres conocidos y un pasado de glorias literarias. Poco habituados a un lenguaje más riguroso y trabajado, consumimos la anécdota en un lenguaje que está construido para exigirse a sí mismo cada vez más. Paradójicamente, hay espacios que hacen lo opuesto, consumen el cómo tan deliciosamente que parecen ignorar un fondo inexistente, incoherencias argumentales y personajes mal construidos.

El equilibrio entre fábula y trama, entre historia y recursos narrativos, entre fondo y forma, dicho en lenguaje simple y llano, tiene mucho que ver con el éxito de un cuento. Y la forma está determinada por el fondo.

Entiendo que ahora estamos reunidos a raíz del lanzamiento de la convocatoria del concurso de cuento del Club de Lectura La Paz. La temática está vinculada con un tema muy difícil de tratar en este preciso momento. Nuestro contexto está invadido por la violencia de género, pero, paradójicamente, es un tema del que no se está hablando ni con la suficiente seriedad ni con el suficiente rigor. Y esta ausencia nos exige, como escritores, un trabajo doble: por un lado, el trabajo del oficio, de pensar una trama y la forma de narrarla; y, al mismo tiempo, un trabajo serio de observación, de interiorización y de procesamiento de la información que recibimos y de las imágenes y escritos que consumimos. Vale decir, corremos el peligro de transcribir algún caso conocido sin mayor riqueza escritural, de caer en el maniqueísmo (en desmedro de la verosimilitud del cuento) o de crear una mera anécdota que justifique un consejo moral.

He señalado, al inicio de esta charla, que el cuento, estructuralmente, es el espacio de la acción, de la anécdota, mientras que la novela es el espacio del personaje. Esto no los hace excluyentes, hay acción en la novela y debe estar bien narrada y hay cuentos, como el que considero que exige la temática en el caso del concurso, que nos pide un trabajo profundo en la construcción del personaje, un trabajo que no necesariamente debe estar escrito en el producto final, pero que sí debe manifestarse de alguna manera.

Es por ello que el ensayo entre los diferentes cuentos posibles es casi una necesidad. Una vez planteada una fábula, es necesario determinar cómo voy a construir la trama y qué mejor forma de hacerlo que proponiendo varios posibles estilos de escritura. Solamente así seremos capaces de encontrar cuál es la manera en que conseguimos que la historia funcione y provoque en el lector, además de las ganas de seguir leyendo, las mismas emociones que la historia de la que partimos, nos ha generado.


El presente artículo fue escrito por:

Lourdes Reynaga (Oruro, 1983) Es escritora, profesora universitaria, crítica literaria y desarrolla proyectos educativos destinados a adolescentes. Obtuvo la Licenciatura en Literatura por la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz, Bolivia). Docente investigadora invitada del instituto de Investigaciones Literarias (2018 y 2019), Coordinadora del Centro de Interacción y Formación de Literatura (2019). Ha concluido la Maestría en Literatura Boliviana y Latinoamericana, un programa dependiente de la misma universidad. Tiene publicadas las novelas: Y sin embargo... (2017) y About "El encanto de las golondrinas" (2015). Los cuentos: "Dulces sueños", "¿Qué le pasó a Mario Santos?", "Estudio de Probabilidades (artículo en edición)", "La chica de al lado" y "Extraños en un tren". Estos tres últimos resultaron finalistas en diferentes versiones del premio municipal de cuento Franz Tamayo. Su proyecto de novela Encuéntrame en San Pedro resultó ganador en la convocatoria a residencia literaria de los Premios Plurinacionales Eduardo Abaroa. Además tiene artículos críticos y ensayos publicados en diferentes revistas especializadas. 

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