Reseña Crítica "Con permiso, te voy a matar" escrito por Max Vino A.

Te presentamos la reseña "Con permiso, te voy a matar", escrito por Max Vino Arcaya, en nuestro "Taller de Adquisición de herramientas para la crítica literaria a partir del cuento policial negro", organizado por el Club de Lectura La Paz.

Con permiso, te voy a matar

Max Vino Arcaya

El relato "Para toda la gente descortés", escrito por Jack Ritchie en 1966, narra la historia del señor Turner, un enfermo terminal, que en sus últimos cuatro meses de vida decide asesinar, bajo el anonimato, a las personas que tienen un comportamiento descortés con los demás.

El personaje principal despierta recién ese sentido de la justicia cuando ve cómo un boletero en un circo menosprecia a un padre, delante de sus hijas, que quería ver el espectáculo. A partir de ahí deja detrás un sendero de muerte, con sangre de personas despreciables. La marca singular de este vengador es una nota escrita a pulso en la cual explica los motivos que lo llevaron a cortar otra vida y agrega sus iniciales L.T. como firma.

Cuatro varones murieron en este proceso, se trataba de personas con vidas comunes, que cualquiera puede encontrarse en un día ordinario: un boletero, un conductor de autobús, un farmacéutico y un almacenista. Turner consideraba estos asesinatos como un aporte en la construcción de una sociedad mejor. Su fama pronto saltó a los periódicos y llegó a inspirar a otros a aplicar su ley.

Turner toma la atribución de matar personas por la falta de cortesía, porque considera, sin comprobar de manera fehaciente y sólo a través de conjeturas o gestos no verbales que las víctimas de los malcriados se sintieron agraviadas. Estas presunciones que empujaron el botón de la muerta son esparcidas como polvo durante el relato.

Desde la mirada del señor Turner sale la envidia. No lo dice de manera abierta; sin embargo se percibe a través de la pregunta que hace a sus víctimas antes de matarlos.

La infelicidad de este individuo está fuera de los márgenes de la superficialidad. No envidia las posesiones materiales, el dinero o el amor que tienen los otros, quiere la vida ajena con las probabilidades que trae encima. Con una existencia prolongada considera que todo estará en orden, y será un ciudadano ejemplar, debido a que tiene respeto por los demás y está dotado de una empatía frente a los que fueron flagelados por los groseros.

"¿Qué edad tiene usted?", es la pregunta con la que Ritchie abre este cuento, también sirve de introducción en el trabajo justiciero que hace L.T., un hombre sin familia ni amigos.

De los cuatro asesinatos que ocurren en esta historia, el farmacéutico aparece como el primero, en realidad es el tercero. Para romper con la estructura lineal de la narración el autor inicia de esta manera, y el primer crimen cometido por Turner es contra el boletero. A partir de ahí, despierta su impulso de quitar la vida de los descorteses, encarando con la misma pregunta: ¿Qué edad tiene?

L.T. comete el delito con un disparo que sale de un revolver calibre 32 que compró hace poco. Antes de presionar el gatillo lanza la pregunta, recibe la respuesta y hace un cálculo de los años que ese sujeto hubiera disfrutado, que si hubiese sido uno era más gratificante de lo que le espera a Turner.

Aplica el mismo procedimiento con el conductor del autobús y con el farmacéutico. Pero su justicia rompe el ahora para desenterrar al almacenista que ofendió a su maestra de escuela. En ese entonces tendría menos de 30 años. Turner no podía dejar suelto a una persona así, su búsqueda tuvo éxito y para su pesar se encontró con un descortés que seguía respirando a pesar de haber cometido su falta.

Nadie podría empalar al protagonista contra la pared de la culpa sin antes dar un repaso por la antojadiza manera en la cual operan las enfermedades. Más pronto o más tarde, corre la mecha de pólvora y de un día para el otro la salud empeora y limita las funciones.

El mal que aqueja al desahuciado no está determinado, para el efecto de la narración todavía le permite moverse dentro de la sociedad con libertad, beber un trago, almorzar en un restaurante y caminar en horas de la noche.

Sea cual sea esta enfermedad es comprensible el sentimiento de frustración que guarda Turner de querer poseer la vida del que va a ser asesinado, hacer un intercambio, arrancarse de la piel este padecimiento como si fuera ropa sucia y colocar el contador en cero.

Con el manto de la muerte sobre los hombros, antes o después de medio siglo caminando en la tierra, recién brota, en la mayoría de los casos, el valor por la existencia y con esa sensación creciendo Turner mira a la gente. Ellos gozan de buena salud, tienen un mañana en el calendario, pero él no, porque su reloj de arena está volteado.

El asesino no soporta el desprecio de la gente por el prójimo, la forma en la cual se comportan sin detenerse a pensar que podrían provocar un daño interno. Ninguno es digno de seguir viviendo, así lo entiende Turner y ese pilar está en el centro de su plan de redención que tiene para la sociedad, que continuará cuando él deje este mundo.

Una nota acompaña al primer cadáver, la misma indica lo siguiente:"Una palabra desatenta puede perdonarse, pero no toda una vida de crueldad y brutalidad. Este hombre merecía morir" y con permiso, te voy a matar.

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