"Entre música, sueños y ritos: la memoria viva de la identidad andina boliviana dentro de lo cotidiano" de Daniela Bocchi Auza

30.09.2026

Presentamos "Entre música, sueños y ritos: la memoria viva de la identidad andina boliviana dentro de lo cotidiano", un ensayo de Daniela Bocchi Auza. Este cuento nació en el Curso de Introducción a la Tradición Oral Andina. La Oralidad Como Motor de la Escritura, organizado por nuestro Club de Lectura La Paz y guiado por la Mgtr. Lourdes Reynaga. 

Entre música, sueños y ritos: la memoria viva de la identidad andina boliviana dentro de lo cotidiano

Daniela Lucia Bocchi Auza

¿Qué sucede cuando el cemento de la ciudad reemplaza a la tierra de la que venimos? ¿Será que por dejar el hogar de la infancia estamos condenados a alejarnos de nuestras raíces y perder la conexión con aquello que forma nuestra identidad? En Bolivia, la cultura andina no se sostiene únicamente dentro de grandes monumentos o en celebraciones en las que participan miles de personas, sino que se respira y mantiene vigente todos los días. Muchas prácticas que podrían parecer minúsculas o rutinarias cargan consigo el peso de la sabiduría y la pertenencia que las generaciones pasadas han dejado para nosotros como una herencia imborrable. A menudo subestimamos el poder de lo cotidiano, olvidando que en los actos más simples reside la verdadera esencia de un pueblo. En el cuento "¿De dónde viene la música?" (2013) de Juan Pablo Piñeiro, se retrata cómo las pequeñas tradiciones habituales, vinculadas a la espiritualidad, la ensoñación e incluso la creación de melodías, son elementos imprescindibles para preservar viva la identidad aymara boliviana; y se advierte cómo el olvido de estas costumbres frente al avance de la mentalidad urbana se convierte en la mayor amenaza para la supervivencia de esta cultura.

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Desde el inicio del relato nos damos cuenta de que la música no es una simple forma de entretenimiento para la comunidad, sino que es un puente entre el mundo físico y el espiritual que une a las personas entre sí, las conecta con su entorno y asegura la prosperidad en aspectos vitales como la agricultura. En el mundo andino, la creación musical está regida por normas estrictas y místicas que determinan los ritos y reglas que hay que seguir para poder disfrutar de esta forma de arte. La música pertenece al lado invisible del mundo; por esto, para acceder a ella hay que pedir permiso a la Pachamama o a los achachilas con diversos rituales —como la ofrenda de hojas de coca— que deben ejecutarse con la mano izquierda, dejando la derecha exclusivamente para lo visible. Los habitantes saben que los instrumentos no pueden tocarse por mero capricho. Es por eso que resulta tan escandaloso y alarmante cuando Rolando decide tocar el pinkillu fuera de la época de lluvia, argumentando de manera desdeñosa que "cuando llueve, llueve" independientemente de que se toque o no el instrumento. Él se excusa bajo la premisa de que así se piensa en la ciudad, y de esta forma, Rolando no solo comete un error, sino que exhibe los primeros indicios de un desarraigo frente a las tradiciones de su pueblo. En realidad, este acto tiene mucho más peso de lo que parece, tal como explica Filomena Nina Huarcacho en el artículo "La memoria cultural: Conservación y difusión en las comunidades aymaras" (2017). En este ensayo, la autora detalla que en comunidades paceñas como Mikaya, el uso de instrumentos de cañahueca está reservado estrictamente para llamar a las lluvias, por lo que tocarlo a destiempo altera el orden cósmico. Al desafiar esta regla ancestral, el delicado equilibrio que sostiene la vida de todo un pueblo podría verse gravemente afectado.

Esta ruptura con las prácticas cotidianas no ocurre por casualidad, sino que es impulsada por las nuevas dinámicas y valores aprendidos en la ciudad, donde el pragmatismo y el individualismo suelen apagar la memoria colectiva. Al regresar a su comunidad ostentando su título de "dirigente vecinal", Rolando muestra que se avergüenza de su físico por haber subido de peso, e ignora que, para su gente, su corpulencia es en realidad un bello símbolo de abundancia. Su distanciamiento de lo sagrado llega, por ejemplo, al extremo de hacerlo tomar del vaso de cerveza durante una celebración antes de challar a la Pachamama, un descuido peligroso para alguien nacido en esa tierra. Este comportamiento superficial puede verse explicado en el ensayo "El falsete del ch'uta y el zorro conquistador" de Judith López Uruchi (2026), donde se explora cómo el aymara que migra a la ciudad de La Paz se ve forzado a transformarse para encajar. A este habitante urbano se lo suele denominar popularmente como "ch'ukuta", un individuo que se sumerge en el mestizaje citadino adoptando una nueva fachada, conservando a veces solo una máscara folclórica festiva, pero perdiendo por completo el respeto por los rituales genuinos y el peso espiritual de sus actos. Su ignorancia, nacida del deseo de pertenecer y ser validado en el mundo urbano, causa que sus valiosas raíces queden irremediablemente en segundo plano.

En claro contraste con este desarraigo cultural, quienes mantienen sus raíces intactas comprenden que la espiritualidad también reside en la vida interior. En la historia, es el amigo de Rolando —el narrador— quien le presta una profunda atención a sus sueños y los valora como una guía verdadera en su vida cotidiana. Esta conexión íntima encuentra pleno respaldo en la investigación "¿Kunampis sankasta? ¿Con qué soñaste?" de Martha Sandra Bustillos (2025), la cual evidencia que, tanto en el altiplano como en los barrios tradicionales, compartir y analizar los sueños cada mañana es una práctica vital para la cultura aymara. Son los uywiris (espíritus protectores) quienes otorgan advertencias a través del mundo onírico para prevenir desgracias y aconsejar a la comunidad. Al aferrarse a sus sueños, el narrador protege de manera activa la línea de comunicación más pura e importante que lo une a su identidad. Por el contrario, tomando en cuenta la actitud de Rolando en su visita, resulta casi evidente que él ya no le presta ninguna atención a sus sueños. Atrapado en la lógica de la ciudad, para él la noche probablemente se ha convertido en un simple descanso físico, perdiéndose así las invaluables advertencias que sus ancestros intentan susurrarle.

En conclusión, la preservación de una cultura no recae únicamente en los grandes discursos o los eventos masivos, sino que encuentra su mayor fortaleza en el incalculable valor de los pequeños actos cotidianos. Como le ocurre a Rolando, existen muchas personas que, al trasladarse a un ambiente más citadino, permiten que el ritmo de la modernidad eclipse sus tradiciones y los vuelva ciegos ante lo sagrado de sus costumbres. Sin embargo, resulta fundamental reconocer la importancia de nuestra memoria cultural. Sea donde sea que vayamos y sin importar cuánto cambie nuestro entorno, nada podrá borrar el lugar del que venimos; el hogar es una semilla viva que siempre debemos llevar por delante con orgullo, respeto y un profundo cariño.

Referencias

Bustillos, M. S. (2025). ¿Kunampis sankasta? ¿Con qué soñaste? Columna del Taller de Historia Oral Andina (THOA). https://thoa-bolivia.org/kunampis-sankasta-con-que-sonaste/

Nina Huarcacho, F. (2017). La memoria cultural: Conservación y difusión en las comunidades aymaras. Desde el Sur, 9(2), 241–255

Ovando, L. J. (2024). Migración, simbolismo y escisión en la literatura boliviana contemporánea: "¿De dónde viene la música?" de Juan Pablo Piñeiro. Cultura y Conciencia. Revista de Antropología, 8, 48–61. https://culturayconciencia.es/repositorio/8/2024-8-art4.pdf

Piñeiro, J. P. (2013). ¿De dónde viene la música? En Serenata cósmica (pp. 69–79). Gente Común.

Sobre la autora:

Daniela Lucía Bocchi Auza. Nació en Bogotá, Colombia (2008), y llegó a Bolivia a los seis años. Su corazón y alma le pertenecen a esta tierra tricolor, madre de riquezas y belleza incalculable. Actualmente, debido a que su mente suele perderse en la incertidumbre del porvenir, su mayor inquietud es elegir la carrera correcta. Le apasionan las pequeñas alegrías de la vida, como ver los atardeceres, salir con amigos, comer un postre, tomar fotos, escuchar música o conversar con su hermano (quien es su confidente y mayor fuente de inspiración).


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